Escoria. Nadie va a salvarte, ni tú mismo puedes salvarte. Escoria nadie va a undirte, ni tú mismo puedes undirte más.
Desecho es desechado, sueño sin concretar –revoluciones hipócritas, palabras no son hechos. Escoria es desecho, intenta llevarse todo a su paso con la excusa de que “gente como los demás” son quienes le han jodido la inexistencia.
Todo lo que Escoria odia es lo que ama, lo que invita al ritual que deshace: Se aproxima a su presa, dulcemente, la toma por sorpresa. Le corta un dedo, lo come a sangre fría, a hueso frío, a piel descompuesta por la decepción de quién lo imaginaba vegetariano.
Crack crac, cra
Crápula
Espejo roto.
Escoria engulle, vomita. Es líquido fluyendo por las alcantarillas de una ciudad que existió cuando lo nublaba todo hasta hacerla llover. Ciudad de árboles de dulce algodón y sapos pequeñitos cantando lunas húmedas.
Escoria amenaza con desintegrar la ciudad, como si fueran dedos, mientras es chorro fétido que irá a parar al infierno de los traidores: el olvido.














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