Santa Fé se insinúa desde una de sus esquinas, en ella tres mujeres conversan mostrando sus cuerpos casi desnudos. La que usa medias de nylon y blusa corta empuña un cigarrillo y sonríe detrás de una hermosa cabellera, me pregunto si será una peluca. Las otras dos no las encuentro muy lindas, aunque sus sugerentes movimientos las hacen muy llamativas.
poco vestidas conversan allí, cuando les paso por el frente desde un transporte público de Bogotá.
después de pasar por la esquina que les sirve de escaparate.
Ellas son un quiebre en el paisaje que va poniéndose cada vez más agreste desde el autobús que me transporta hacia un mercado de pulgas
Lucho, mi guía en Bogotá, me acompaña en este recorrido hacia uno de los mercados de pulgas que se llevan a cabo los domingos. El usa un Jacket y una cachucha que lo cubre de la fina llovizna que cae desde que amaneció, las otras personas con las que comparto el autobús son muy variadas en cuanto a físico e indumentaria. Jóvenes punk, viejos con abrigos y paraguas, mujeres embarazadas y hombres con barba acompañaban a la dominicana de Miami que a falta de sombrilla usa una funda plástica en la cabeza.
–Lucho explica que la esquina que acabamos de pasar pertenece a Santa Fé, una localidad donde se ejerce la prostitución, por lo visto a todas horas, pues no son ni las nueve de la mañana y ya le vi el trasero a una de las muchachas que acabamos de dejar atrás.
Nos apeamos del autobus dos paradas después













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