Otro día nublado en Bogotá, me levanto a las siete de la mañana para contemplar las montañas que rodean el cúmulo de edificios que llenan mi vista de un pintoresco paisaje. He dormido con unos pantalones largos de cuadros navideños y un tshirt alusivo a The Beatles, con los que bajo al comedor del hotel para buscar el desayuno que me servirá de sostén durante toda la mañana. Me sirvo unas arenas, queso, fruta y jugo de piña. Como a una velocidad más rápida que de costumbre y al dejar el plato limpio, me sirvo un tinto que transporto en mis manos hacia la habitación. El salón de desayuno o comedor está casi vacío, así que llamo la atención cuando me dirijo al ascensor. Una señora de más de sesenta años se me para al lado acompañada de una mujer más joven, ambas abordan el ascensor y asientan cuando le doy al botón con el número siete.
En el camino me preguntan si sou venezolana, _Soy dominicana, pero vivo en miami- les respondo fingiendo una pequeña sonrisa de cortesía. Ellas me miran insistentemente. La joven que acompaña a la señora mayor me pregunta que si estoy de vacaciones, -Estoy presentando un libro en la feria y estoy aprovechando para conocer- le respondo antes de que abra la puerta.
_Qué bien, qué día vas a presentar el libro?
–El lunes, están invitadas.
_Dame los datos, ambas haremos lo posible por asistir. Estamos aquí por cuestiones de chequeo médico, pero ese día creo que podemos ir.
–Está bien, luego les dejaré por escrito una nota con los datos del horario y el salón donde se presentará el libro.
–Encantada de conocerte, cualquier cosa que necesites nos tocas a la puerta.
–Gracias, igual.
Es la primera amiga que hago en Bogotá sin que nadie me la presente, las puertas de nuestras habitaciones se miran de frente y me da gusto que, aunque me hayan prometido ir a la presentación por educación, sean tan simpáticas para pedirme que vea lugares específicos de esta hermosa ciudad.
Ya en mi habitación, coloco la llave-trajeta en la caja de la pared que hace que todo lo eléctrico funcione, abro la cortina ampliamente y me paro frente a mi ventana a beberme el tinto. Tomo n video de dos palomas que se posan en el balconcito de la habitación y me retiro para darme un baño.
Arreglo todo mi equipo de cámara, bajo al lobby y allí me espera Luco.
–Qué quiere hacer la alondra de la poesía hoy? me pregunta el hombre que siempre está sonriendo con una bondad que se le sale por los dientes.
–Oh, Luco, y eso de “Alondra de la poesía” de dónde lo sacaste?
_Leí algunos de tus poemas y eso es lo que pienso que eres.
–Bueno Lucho, pues la Alondra quiere ir hoy a conocer la iglesia hermosa que vimos de lejos hace unos días, por los predios del congreso.
Lucho es un hombre versátil, cuando no anda manejando la gaviota, un pequeño carro azul que nos transporta a todas partes, hace de reportero desde una oficina que me dice está dentro del congreso, o está entrevistando a diversas personas. En este momento me sirve de guía y me ha entrevistado el primer día que llegué a Bogotá.
Nos montamos en la Gaviota y lo parqueamos en un lugar donde conocen a Lucho, son venezolanos los dueños o administradores del pequeño parqueadero













Comentarios