La primada de América es hoy una bulla, un desparpajo y una lluvia de gente alegre, a pesar de las calamidades que se pasa en este lado de la isla caribeña donde inició el Nuevo Mundo. Un mundo cada vez más viejo y maltratado, pero que se las ingenia por salir adelante como sea. Santo Domingo es, luego de mis doce años de constante ir y venir, una ola de bellezas y oscuridad.
Durante esta docena de abriles, festejados en Miami he observado los cambios que montos que iniciarse van dando en República Dominicana: música, nuevos dichos, gente que influye y que deja de influir, matrimonios que inician, que terminan, que son multitud y que cambian de actores. Escritores que publican, que plagian, que intentan, que fracasa y que logran.













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