Un mes ha pasado desde que volví a Santo Domingo. Las calles no son las mismas, o quizás sí lo son pues tienen sus mismos nombres. Dicen que la memoria miente, que suele agrandar o empequeñecer las cosas, en este caso no sé si creerle a ella o a mis ojos, a mis sentidos perturbados por el ruido de motores, de vendedores ambulantes y de bocinas.
Mi esposo me ha dicho que me acostumbraré a esta ciudad que tanto creí conocer y que me demuestra que está viva, que se transforma en otra cosa que quizás no quiera descubrir. Ya veremos qué pasa.
Mi esposo ha comprado una hermosa casa en uno de los barrios más hermosos de Santo Domingo, de esos que parecen dibujados por un artista de buen gusto, pero que para llegar a él hay que atravesar uno de los barrios más horrorosos de esta capital. Yo hubiera preferido quedarme a vivir en la playa, pero como siempre, no estamos de a cuerdo con ese deseo. Deseo es lo que no sha faltado a ambos para dejar esto como está o para seguirlo como quisiéramos, pero como queremos que sea algo que no sabemos como será si es que cambia?
El terapista ha dicho que tratemos de depender menos el uno del otro, que aprendamos a abrazar nuestra individualidad, que realicemos actividades por separado y que no pensemos en que la felicidad de uno depende del otro. Al salir de terapia me compré un vibrador. No me hizo nada de gracia estar casada y andar sola como un perro realengo en una ciudad donde salir con un amigo del sexo contrario te eleva o te rebaja a la categoría de cuero, según la mirada con la que se mire el affair, que de seguro consistirá en dos tazas de café y una conversación de dos o tres horas, a lo sumo.
Mi esposo ha decidido comprar una cama moderna full, como lo conozco, no va a gastar dinero en una cama Queen o King, sin tener la seguridad de que seguiremos juntos. Cuando le comenté este detalle al terapista me di cuenta de que levantó una ceja. No tuvo que hablar para decirme que esto se jodió.
Mi esposo no fue a recibirme al aeropuerto, como tampoco piensa en recogerme, al igual que a mi llegada, mandará a un chofer a que se haga cargo de mí, de mis maletas, de mi inconformidad por su ausencia.













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