Es sábado
“Pásame más pinchos”, le dice Altagracia a Tinita, que porta un uniforme negro como el de ella. Ambas se conocen desde que estudiaban en la escuela de estética del barrio y juntas buscaron empleo en el Salón de Minerva, una dominican york que visita su negocio cada tres meses y que experimentó el poder de sus brazos, cuando les hizo la prueba de secado gratis.
Altagracia es requerida por muchas clientes del salón porque “como esa mujer lambe ese pelo, nadie”, Tinita también tiene su clientela, aunque por su temperamento más tímido, hay días que la cosa se le pone difícil.
Ellas cobran un porciento de cada corte de pelo, secada a blower o a rolo y son expertas en vender productos para el cuidado del cabello.”Esas puntas las tienes abiertas, aquí hay unas goticas muy buenas para eso”. Las propinas de los clientes son otra entrada necesaria para completar el dinero del mes.
Los días que más clientes acuden al salón son los viernes, sábados, domingos y lunes, cuando se va a salir o cuando se va a reanudar la semana de trabajo, así que esos días los brazos de Altagracia terminan molidos. El calor del blower y los productos para el secado no son muy buenos para la salud, pero ¿qué es bueno para la salud en estos días?
Estar parada durante largas horas tampoco ayuda a su espalda que, cada día, se resiente más. A pesar de esos detalles, Altagracia recibe a sus clientes con una sonrisa y los sienta, amablemente, en el sillón que la ha acompañado por más de una década en Purita’s; ahí se han sentado niñas, madres, abuelas, mujeres a punto de casarse, mujeres preñadas, mujeres infieles y a las que le han pegado cuernos, eso sí, todas se paran de ese sillón con el pelo de revista.
Esta semana Altagracia no se ha sentido muy bien, pero no puede darse el lujo de faltar un sábado, así que se bebe un calmante con su té de jengibre, limón y miel de abejas y toma el motoconcho que la deja a una esquina del salón. Mientas camina escupe catarro varias veces antes de llegar al edificio lleno de cristales que no armoniza para nada con el entorno poblado de casas de colores diversos, tipo bizcocho Nitín.
De entrada ya la esperaban tres clientas con los cabellos vueltos un musú, de salida habrá pelado, peinado y secado a más de 20 mujeres y a un hombre en las 12 horas de trabajo que le esperan, con media de almuerzo y reposo de por medio.
Clienta 1
“No me seques mucho el pelo antes de empezar, que después no me quedan bien.
Horroroso el vestido de la princesa. Mientras más dinero tiene esta gente peor se visten”.
Altagracia observa la Revista Hola y aprecia la belleza de los vestidos de todas las mujeres a las que acaba la clienta. Solo piensa en que su hijo pronto se graduará de Ya sé leer y que con lo que ha ganado ese mes no le dará para comprarse un vestido nuevo para asistir a esa celebración.
Nada que no haya vivido antes, pies para el primer año de Jeyson tuvo que pedirle prestado un vestido a su hermana, pues desde esa época ella sola sostiene al niño económicamente y emocionalmente. Yovanny nunca reconoció al niño y aunque ella lo sometió a la justicia para exigir , desde que el muchacho de 28 años se fue a Nueva York, no ha mandado más que unos juguetes hace dos navidades y una funda de dulces que le provocaron caries al niño.
La Hola cae de las manos de la clienta en una mesa donde reposan dos tazas de café y un vaso con Ice tea, Altagracia se concentra en halar y dar vueltas al cepillo que viene y va con un calor impresionante, con una maestría única.
Clienta 2
“Ponme el tratamiento que me pusiste la semana pasada, me quedaron super bien los cabellos”.
Altagracia toma un pote pequeño en su mano, vierte su contenido en la otra, deja el pote en su bandeja de trabajo y se soba las manos, luego soba el pelo de Doña Cuchita, a la que cada semana le hace un moño, el mismo moño desde hace cinco años. Las manos de Altagracia ya saben de memoria el recorrido que deben transitar para lograr el caracol de hebras teñidas que adorna la cabeza de su clienta. Ya sabe qué cantidad de pinchos necesitará para que su escultura quede en pie por unos días y, sobre todo, la cantidad de spray que tendrá que rociar cuando termine de elaborar este peinado.
Doña Cuchita es viuda hace dos años, Altagracia la peinó los días en que su esposo estuvo interno, los días del funeral y sobre todo, todos los fines de semana siguientes en los que la señora, vestida siempre con falda y blusa, le comentaba alguna anécdota vivida con Rafael.
“Ese era un hombre de verdad, Altagracia, aún a mis años me abría la puerta del carro, un día se le olvidó y me hizo desmontarme, para hacerlo. Ya no hacen hombres así”.
La peluquera que no había tenido la experiencia de convivir mucho tiempo con una pareja la escuchaba con atención y siempre la confortaba, a sabiendas de la tristeza que le provocaba recordar a su esposo muerto.
“Doña Cuchita, por lo menos estuvo con él muchos años, míreme a mí que estoy criando a mi muchacho sola”.
Las propinas de Doña Cuchita iban más allá de lo normal, pues ella se había propuesto ayudar de alguna manera a Altagracia y esa era la mejor manera de hacerlo.
Altagracia, agradecida la bendecía con creces cada vez que se despedían, aunque sabiendo lo bondadosa que era su clienta, casi nunca le contaba por las penurias que pasaban ella y su hijo.
Llamada de la madre de Altagracia
“Mi hija a Jeyson como que le ta empezando la gripe, dónde pusiste el jarabe?
“Arriba de la nevera mamá”.
Chuipi
Ya le pegué la gripe al muchacho,













Comentarios