Hace más de un mes que recibo visitas diarias en casa. Cuando no es un Happy Hour con las amigas, es el cumpleaños de alguien querido o el saludo dominguero desde casa de mi madre. Hasta a una clase de cocina asistí. La visitas Zoom, me han permitido seguir teniendo contacto con el exterior, punto para la tecnología, tan criticada por algunos y tan útil en estos días de encierro. Mi balcón ha sido otra ventana hacia la calle y algunas actividades de los vecinos. Uno de ellos, aún no identificado por mí, fuma marihuana todas las tardes, el olor llega y se va con la brisa, como lo hace la niña del piso ocho de la torre ubicada frente a mi edificio, cuando entra y sale de su casita tribal, donde juega por horas. La muchacha del apartamento del lado, hace ejercicios todas las noches, ya quisiera yo tener su disciplina. Algunos de los padres de pequeños, los llevan a montar bicicleta al estacionamiento y desde aquí parecen puntitos moviéndose graciosamente. Sus vocecitas suben como el vapor que empieza a colarse por la primavera, a eso de las dos de la tarde, orándome con sus gritos y sus cantos.

Cada noche a las ocho salimos con sartenes a los balcones y damos un concierto al unísono. Se nos unen el o la trompetista y el o la de los tambores, en un minuto de solidaridad en medio del confinamiento al que hemos sido obligados en miras de velar por nuestra salud y la de los demás.

Cada balcón, desde mi balcón es una viñeta en la que se desarrollan diversas historias que antes pasaban desapercibidas por mí. Imagino que mi balcón lo es para los otros, también. En él comemos todos los días a las siete de la noche, escribo, bebo café o té de jengibre, bailo y recibo la visita de amigos y familiares.

Ya no hay muchos espacios en casa que no hayan sido vistos por FaceTime, a cualquier hora, pues los horarios se han diluido, dependiendo de la necesidad que se tenga de tener contacto con alguien o el país desde el que reciba la llamada.

A pesar de no salir debo estar presentable a cada hora del día, por las llamadas tipo FaceTime, nadie merece una facha como respuesta a su llamada.