Era El ramo estaba hecho, lo había elaborado con rosas rojas a pedido de la novia. El novio, impaciente esperaba a que su novia bajara las escaleras de la casa para desfilar junto a su padre y encontrarse con él frente al juez de paz. La novia, mi amiga, más perdida que nunca. Miraba por la ventana como queriendo ir de luna de miel antes de la boda.

–Ya es hora –le dije emocionada, cargando las flores que estaba supuesta a llevar en las manos cuando bajara de su habitación. Al no obtener respuesta, la toqué por el hombro y ella volteó, dándome una mirada fría como si ya estuviera en otro mundo, uno donde no paraba de nevar.

–Bajemos, tu papá está afuera esperándote.

–Por lo menos hoy esta aquí –me respondió secamente.

En ese momento, tuve un mal presentimiento, no porque fuera bruja o vidente, era obvio que algo no andaba bien en la cabeza de la novia y no era precisamente su tocado, que por cierto era muy hermosos.

Salió de la habitación sin decir palabra, su padre la tomó de la mano y le confesó que estaba muy orgulloso de ella.

–Te ver hermosa mi hija, me haces muy feliz al permitirte entregarte, Aunque la boda debió ser por la iglesia.

–Vamos, nos esperan.

Los vi alejarse y supe que aquello no terminaría bien.