Por Fernando Ureña Rib http://www.urenaribfoundation.com En la noche apareció un agujero azul. Entramos. Yo no podía ver la gente oculta en los rincones y no conseguía imaginar qué hacían allí adentro, pero escuché gritos y jadeos. Intenté detenerla, pero ella me halaba, obligándome a seguirla...














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