Por Juan Dicent Y estaba el señor Dios solo, no solamente solo, sino tremendamente aburrido, y vio que no era bueno. Y empezó el señor Dios a pensar: “Desde la rebelión de Satanás, esto está muy tranquilo. ¿Qué me invento?” Y llamó a todos los ángeles, pero sólo los madrugadores vinieron. —Quiero...














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