Por GG

“¡Dele a la vaina!” dice el entrenador colombiano qué hoy llegó hyper a la clase de spinning. De seguro Trujillo reencarnó en él. Yo miro el equipo de música deseando qué Pitbull salga de allí y lo destroce, pero no, él da pedales como si nos entrenará para las olimpíadas. Lo trato de engañar, pero viene hacia mí decidido a subir la resistencia de este armatrote que me tiene la rodilla derecha diciendo “no y no”. Cumple su cometido el paisa y, entre dientes, se me sale un “Oh my God!”. “Diocito no tiene que ver en esto. ¡Dele a la vaina¡”, me grita.

La vaina es que ya toy eplotá como un cohete chino y la doña de 60 que pedalea a mi lado parece atleta, ni una gotitas de sudor aflora en su cara. Cuando ya mi lengua suapea el piso, Trujillo, digo, el paisa, vocea “ahora viene lo bueno, climb!”
Para que no me vea el cuchillo en los ojos, miro hacia atrás, y tras del cristal, veo al hombre que hace abdominales mirando mi derriere

“uno, derriere, dos, derriere, tres, derriere, derriere, derriere” .

Conociendo mi cuerpo, sé que es una GRAN motivación para esa alma que, posiblemente, no logrará abordar la guagua de León Medical Center que lo espera afuera para llevarlo a su casa de retiro.

Persisto y subo a la montaña.