©Por Glenda Galán

 La gente de librería Mamey me permitió realizar una serie de entrevistas en su maravilloso local ubicado en la calle Las Mercedes de la Zona Colonial. Uno de estos encuentros memorables fue el que sostuve con el filósofo, escritor e investigador Luis O. Brea Franco.

Don Luís, que tiene en su haber más de una docena de libros publicados, así como una basta experiencia en el campo de la educación y la cultura, comparte con nosotros algunos de sus puntos de vista sobre filosofía y sobre los tiempos en que nos han tocado vivir.

-Al ver su libro Claves para una lectura de Nietzsche me da curiosidad saber ¿cómo se da su acercamiento al pensamiento de este filosofo?

-Yo era un adolescente al que le gustaba leer y los veranos me los pasaba en casa de mi abuelo, que era librero y propietario del periódico de la ciudad de Santiago. Allí él él tenía una buena biblioteca donde descubrí una versión de Así habló Zaratustra. Esa versión es inmejorable, porque después me enteré que fue traducida, con un pseudónimo, por Miguel de Unamuno. Yo en ese momento lo que tenía eran referencias cristianas y católicas y este hombre daba golpes, tocaba paredes y trataba de romper muros donde nadie, que yo conocía, lo había intentado. Entonces, eso me llenó de curiosidad. Las vocaciones filosóficas se manifiestan con una curiosidad insaciable.

-¿Qué aportan al lector las publicaciones sobre filosofía?

-La filosofía, ante todo te ayuda a pensar. Te enseña a organizar tu cabeza, y luego te hace consciente de la necesidad de que para pensar correctamente, se necesita tener un método. Seguir ciertas normas, ciertas líneas de investigación. Eso es fundamental, pues una persona que tenga orden en su cabeza va a tener una vida más plena, fructífera y comprende su lugar en el mundo.

-Hablemos un poco de su libro Claves para una lectura de Nietzsche.

-Yo le llamo claves para conocer a Nietzsche. Más que claves el libro es, más bien, un libro metodológico. A mí me llenaba de curiosidad saber y entender cómo pensaba Nietzsche, cuál era su método y cómo veía el universo.

-Estamos hablando de un filosofo que en el siglo diecinueve ya estaba viendo algunas realidades que  vivimos aún en este siglo, en cuanto a los valores, y del que recordamos su frase: “Dios ha muerto”.

-Eso ha sido mal interpretado por muchos, pues cuando él habla de que “Dios ha muerto”, lo que está diciendo es que el hombre moderno ha salido ya de la esfera de lo divino y ahora se concentra en la máquina, en sus creaciones, en evadir las responsabilidades. Y ese acontecimiento de la pérdida de un punto de referencia, para el pensamiento, es catastrófica, porque nada es seguro. Vivimos en arena movediza.

-Con este libro, en el que trata de encontrar ese método utilizado por Nietzsche, ¿qué respuestas ha encontrado, para nosotros que vivimos parte del siglo XX y del siglo XXI, en torno a la falta de certezas en estos tiempos que algunos han llamado tiempos líquidos?

-Yo creo que lo más honesto es asumirlo. O sea, decir: No hay otro punto de vista que la fe, si tú crees en algo. Todo punto de vista va a fundamentarse en una creencia.

-No necesariamente religiosa.

-No, no necesariamente religiosa, sino del propio ser, de donde viene, hacia dónde va, qué aspira. Decía Ortega y Gassete, que fue el más grande filosofo del siglo XX, que “las ideas se tienen, pero sobre las creencias estamos”. Nos sustentamos en las creencias. Una persona que no tenga creencias no puede hablar de nada, no puede conocer el mundo.

Yo lo que analizo es que hay que aceptar esa realidad, no vamos a tapar el sol con un dedo. Y hay que hacer posible que la vida nuestra y de los seres de nuestra descendencia, sean vidas ricas, con sentido y que se pueda vivir con alegría, pero siendo conscientes de esa horrible verdad: No hay nada seguro.

Un pensador coetáneo con Nietzsche, Fiodor Dostoievski, en Hermanos Karamazov, esa famosa novela, dice “Si Dios no existe, todo está permitido”. Esa es la consecuencia inmediata.

-Si esto es así, ¿qué podría impedir que hagamos daño a los demás, desde su punto de vista?

-Tenemos que saber que en nuestros tiempos la verdad es menos ruidosa, con menos peso que como se concebía la verdad como hace cinco siglos y esto nos lleva a algo que yo ceo que es muy positivo, si lo asumimos con seriedad. Es el hecho de que dialoguemos con nuestros semejantes, con las personas de nuestra comunidad, para llegar a acuerdos de cómo manejarnos. Llevar esa certidumbre de que no hay un valor central y tratar de colocarse en el lugar del otro, tratar de ver el mundo como el otro lo ve. Ser menos duros, más transigentes , ser más amigos y no ver al otro con desprecio.

-En este tiempo que nos ha tocado vivir a los dominicanos, (parte del siglo XX y del siglo XXI) en el que la corrupción e impunidad nos arropan, ¿cómo pudiera mejorarse ese panorama desde su visión como filósofo?

-No te puedo dar la formula mágica. El mundo está viviendo la consecuencia de esa ausencia de valores firmes. El respeto, el consenso, la cercanía, la buena voluntad es la única manera. Dirigirse a las nuevas generaciones, sobre todo. Mucha gente piensa que este es un país que está perdido y no es así. Aquí hay muchos jóvenes que han sido bien educados, a los que se les ha transmitido el respeto a la dignidad, el respeto a los ancianos, el respeto a la patria y esa zapata existe. Pero todo es un proceso. La familia está en crisis porque el padre y la madre trabajan, entonces, ¿con quién se deja el niño? La reforma del curricullum de educación que contempla la tanda extendida en las escuelas, donde se enseña arte, música e historia, es parte de ese proceso. Yo creo que se pueden lograr cambios con una mejor educación y con un poco de misticismo de querer cambiar las cosas. Dar calidad de vida a los maestros y exigir a los maestros calidad en la enseñanza.

-Usted ha sido catedrático y ha laborado en diferentes instituciones en el campo de la educación. Luego de pasar por esas experiencias, ¿opina usted que se está poniendo a pensar a nuestros estudiantes en los centros educativos?

-Yo he llevado una cruzada, en compañía de otros colegas y con el apoyo de la UNESCO, para ver si el gobierno dominicano y la sociedad dominicana comprenden la necesidad de establecer una instancia que enseñe a los jóvenes a pensar. Porque la democracia sin pensamiento es engaño. Para poder tener una democracia plena debemos tener la capacidad de ver el mundo con nuestros propios ojos, discutir nuestros puntos de vista y si estos no son los que predominan, pues aceptarlo. Yo creo en el diálogo y la filosofía te puede ayudar a ser más consciente de lo limitados que somos.

Por otro lado yo digo, en uno de mis libros, que en el siglo XIX Hostos, el gran filósofo boricua que vino a formar una escuela nueva, impartía una materia que se llamaba lectura comprensiva. Yo me conformaría con que se impartiera esa materia a nuestros estudiantes actuales.

-¿Cómo percibe la unión de la literatura y la filosofía?

-La filosofía hoy no puede ser como era en el siglo XX. El filosofo hoy debe utilizar todos los recursos que le da la historia, de la tradición del conocimiento en occidente, para hacer que los jóvenes comprendan, de una manera más terminada y clara, lo que se trata de explicar. Creo que hay una relación indisoluble entre literatura, historia y filosofía.

-¿Cómo percibe el panorama literario de nuestro país?

-Nosotros tuvimos grandes escritores en los siglos XIX y XX. Después de la desaparición de la dictadura de Trujillo, surge una generación (Que es la mía) que no tuvo los maestros adecuados. Entonces se ha hecho literatura sin tener en cuenta que la literatura es un hecho universal. Hay que aprender lo que es una novela antes de escribirla.

Hay una gran falla en nuestra literatura, aquí un escritor no lee los trabajos del otro. Tenemos que leernos entre nosotros, tenemos que ser más humildes y aceptar que no lo sabemos todo.

 

Sobre el autor

Luis O. Brea Franco realizó estudios secundarios en el Colegio de La Salle de Santo Domingo, marchando en los años 60 a Italia, a proseguir sus estudios de Filosofía, en la Universitá degli Studí di Firenze, realizando posteriormente en 1972 un Doctorado. A su regreso a República fue co-fundador de la Librería Cultural Dominicana. Desde 1981 a 1994 se dedicó a la docencia y gestión cultural en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña. Fue uno de los fundadores y planificadores del Ministerio de Cultura de la República Dominicana. Ocupó los puestos de Dirección de Bienes Subacuáticos, y entre el 2012 y el 2016 fue Comisario del Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, que otorgan el Ministerio de Cultura y el Gobierno de la República Dominicana.

Dos temas han ocupado sus estudios en los más recientes años: el nihilismo ruso y la obra de Friedrich Nietzsche. Su libro Claves para una lectura de Nietzsche fue editado originalmente en 1993 pero ampliado y publicado en el 2016, ofrece una amplia panorámica sobre los temas esenciales del filósofo alemán. Ha publicado, además, unos doce libros.