{"id":10289,"date":"2014-05-10T13:18:53","date_gmt":"2014-05-10T13:18:53","guid":{"rendered":"http:\/\/dominicanaenmiami.com\/?p=10289"},"modified":"2014-05-10T13:18:53","modified_gmt":"2014-05-10T13:18:53","slug":"el-camino-mas-largo-a-la-felicidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dominicanaenmiami.com\/?p=10289","title":{"rendered":"El camino m\u00e1s largo a la felicidad"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/dominicanaenmiami.com\/?attachment_id=10292\" rel=\"attachment wp-att-10292\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-10292\" alt=\"d\" src=\"http:\/\/dominicanaenmiami.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/d3.jpg\" width=\"629\" height=\"467\" srcset=\"https:\/\/dominicanaenmiami.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/d3.jpg 629w, https:\/\/dominicanaenmiami.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/d3-300x222.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 629px) 100vw, 629px\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>Por Abigail Villalba S.<\/em><\/p>\n<p>Se llamaba Aidan. Y como todos los ni\u00f1os de su edad, amaba la vida. Jugaba, re\u00eda, saltaba y viv\u00eda cada momento como si \u00e9ste fuera el \u00faltimo. Sus apenas seis primaveras siempre hab\u00edan sido as\u00ed, alborotadas y divertidas a la par que seguras, ya que pese\u00a0 a que Aidan adoraba la libertad, sus padres, siempre atentos, le manten\u00edan c\u00f3modamente alojado bajo sus protectoras alas.<\/p>\n<p>Cada d\u00eda, cada amanecer, cuando se despertaba, el peque\u00f1o esbozaba una sonrisa para si, una sonrisa feliz de quien sabe que le espera una aventura. Porque cada d\u00eda, el mundo era diferente y le brindaba la ocasi\u00f3n de descubrir cosas nuevas, unas maravillosas, y otras que deseaba no haber visto. O por lo menos eso llevaba pasando desde que ten\u00eda uso de memoria.<\/p>\n<p>Y eso era una de las cosas que m\u00e1s le gustaban a Aidan. Porque, pese a que era como el resto de los ni\u00f1os, era tambi\u00e9n diferente, ya que era enamoradizo de las maravillas del d\u00eda a d\u00eda. Y siempre, al caer la noche, ten\u00eda en su coraz\u00f3n algo nuevo a lo que adorar.<\/p>\n<p>El primer d\u00eda que tuvo constancia de su loco amor, fue el d\u00eda en el que descubri\u00f3 el tacto de la arena, tan suave y sedosa que al llegar el ocaso quiso llev\u00e1rsela a casa.<\/p>\n<p>El segundo d\u00eda, descubri\u00f3 el para\u00edso del color reflejado en las alas de una juguetona mariposa, que nunca pudo capturar.<\/p>\n<p>El tercer d\u00eda, hall\u00f3 la comodidad entre las mantas de algod\u00f3n, as\u00ed como su calidez y el delicioso olor a galletas que \u00e9stas emanaban. Tambi\u00e9n descubri\u00f3 la lluvia, su humedad y el poder de hacerle sentirse m\u00e1s peque\u00f1o de lo que ya era.<\/p>\n<p>Y as\u00ed d\u00eda tras d\u00eda, el peque\u00f1o Aidan decid\u00eda lo que le pod\u00eda hacer feliz y lo que era verdaderamente digno de su cari\u00f1o y atenci\u00f3n. Pero al llegar la noche, el ni\u00f1o se entristec\u00eda y lloraba, porque todo aquello a lo que amaba desaparec\u00eda y no se quedaba junto a \u00e9l. Todo se marchaba y se desped\u00eda, y Aidan, por mucho esfuerzo que empe\u00f1ara en apropiarse de las maravillas del mundo , \u00e9stas, m\u00e1s sabias y veloces escapaban, como una peque\u00f1a nube que flota tan cerca que puedes tocarla, pero que al final, se escurre de entre los dedos.<\/p>\n<p>As\u00ed el peque\u00f1o cerraba los ojos y se abandonaba al sue\u00f1o, deseando que el Sol entrara por su ventana para que le guiase de nuevo hacia su loca y ef\u00edmera felicidad. Pero seg\u00fan pasaba el tiempo y su coraz\u00f3n se estremec\u00eda con cada fracaso, fue perdiendo la esperanza de hallar alguna vez la aut\u00e9ntica felicidad. Y como no conoc\u00eda a nadie que compartiera su desdicha, recurri\u00f3 a su madre, que a fin de cuentas sab\u00eda todo acerca del mundo y de las cosas que hab\u00eda en \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014\u00a0\u00a0 Mam\u00e1, \u00bfpor qu\u00e9 todas las cosas que quiero no se quedan conmigo? \u2013 pregunt\u00f3 con seriedad, ya que consideraba la pregunta como algo realmente importante.<\/p>\n<p>Ella le mir\u00f3 sorprendida y sonri\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00a0\u00a0 Porque t\u00fa quieres muchas cosas y todas ellas no entran en casa. \u2013 respondi\u00f3 con dulzura.<\/p>\n<p>Y Aidan se march\u00f3 m\u00e1s confuso de lo que estaba en un principio. Aunque esa noche, al acostarse sigui\u00f3 d\u00e1ndole vueltas a aquellas cosas que tanto quer\u00eda y que seg\u00fan su madre, no entraban en casa. La felicidad deb\u00eda ser suave, como la arena de la playa. Y ten\u00eda que tener muchos colores, como aquella mariposa del parque. Ten\u00eda que ser\u2026 divertida.<\/p>\n<p>Tan divertida como los ni\u00f1os del parque. Sonri\u00f3 y cerr\u00f3 los ojitos, mientras imaginaba su felicidad perfecta. La felicidad ten\u00eda que ser como la lluvia, bonita pero que a veces, asustara. Y\u2026 ten\u00eda que oler a galletas, como las mantas que lo envolv\u00edan cada noche.<\/p>\n<p>Entonces, sucedi\u00f3. Una peque\u00f1a bombilla se encendi\u00f3 en el interior de la cabecita de Aidan, que sonri\u00f3 como nunca antes lo hab\u00eda hecho. Por primera vez en su corta vida,<\/p>\n<p>Tuvo la certeza de que la felicidad no lo abandonar\u00eda al acabar el d\u00eda, porque tras mucho pensar y buscar hab\u00eda encontrado el culmen de todas sus aspiraciones. Esa noche hab\u00eda hallado algo que entrara en casa pero que le hiciera sentirse peque\u00f1o, algo que oliera a galletas y que siempre le hiciera re\u00edr. Algo que a veces asustaba y le hac\u00eda sentirse culpable, pero que sab\u00eda que nunca se marchar\u00eda.<\/p>\n<p>Aidan se levant\u00f3 todo lo deprisa que pudo y baj\u00f3 al sal\u00f3n. Y all\u00ed, sonri\u00f3. La felicidad que buscaba, tan extra\u00f1a y huidiza, hab\u00eda estado siempre frente a \u00e9l, a su lado. La uni\u00f3n de todo aquello a lo que amaba. Sus padres. Aidan sonri\u00f3, plenamente feliz.<\/p>\n<p>Y tendi\u00f3 sus bracitos hacia ellos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/dominicanaenmiami.com\/?attachment_id=10291\" rel=\"attachment wp-att-10291\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-10291\" alt=\"abigail\" src=\"http:\/\/dominicanaenmiami.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/abigail.jpg\" width=\"634\" height=\"178\" srcset=\"https:\/\/dominicanaenmiami.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/abigail.jpg 634w, https:\/\/dominicanaenmiami.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/abigail-300x84.jpg 300w, https:\/\/dominicanaenmiami.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/abigail-631x178.jpg 631w, https:\/\/dominicanaenmiami.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/abigail-332x94.jpg 332w\" sizes=\"auto, (max-width: 634px) 100vw, 634px\" \/><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Abigail Villalba S. Se llamaba Aidan. Y como todos los ni\u00f1os de su edad, amaba la vida. 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