flor

Por Denisse Español

A veces en las decisiones que he tomado, las cuales indiscutiblemente después de largos periodos de análisis suelo deducir que son lo mejor… no lo han sido siempre para mí misma. Lo son para ese uno que realmente no soy yo sino alguien cuya felicidad o tristeza afectaría directamente la estabilidad emocional relevante y relativamente permanente, la cual creo haber construido sobre estas.

Pero hoy, tratando de desnudar el listado de decisiones tomadas, pienso que cada cosa que haces por los demás, sin pensar en ti, te traerá eventualmente una pena, la pena de no vivir más, de desvivir, de halar el hilo que hace desaparecer la cobija que protegía esa región preciada y quedas eliminada en un nuevo aspecto, buscando un abrigo que no existe y si existiese ya no lo tienes. Quedas sin el apoyo de todo lo que dejas para poder irónicamente seguir adelante, en una vida inventada por los demás, tan escrita y repasada en tantos libros y en tantas mentes como la vida perfecta, la vida del absoluto balance. En la cual solo el prójimo importa, donde están todas esas caras que me siguen siempre y dependen de mi para vivir, de mi familia, de las familias de los demás, de los que no son cercanos pero lo creen y de todos los que esperan en algún momento que dejes algo por beneficio común.

Creo que he desojado la flor hasta el último pétalo. He borrado la lista por completo y aun quiero saber qué más puedo dejar, como ejercicio, quiero saber si existe otra cosa que aniquile sin realmente dejar de ser. Otro aspecto que tenga que rechazar para seguir organizando cada centímetro de los días incluido lo que siento.

Levantarme temprano, a la misma hora, tratar de que el reloj me regale 5 minutos y determinarme con auto ánimo que el día que comienza hay que llevarlo hasta el fin, sin paradas de romances matutinos porque cuando uno de los dos duerme la tarea es imposible. Así me encarrilo y sigo los horarios que están escritos y el listado de reglamentos que se han creado con los años.

No decir lo que ya es sabido, tratar de no pensar en las cosas que has dejado, porque ya no existen y seguir. Seguir como un autómata. Saludar con sonrisas, besar cuando sea necesario, no sentir el dolor de algunas frases que ya deberían ser costumbre.

Despedirte por obligación y soportar después las palabras que no te permiten expresar cariño libremente. Jamás pensar que eres especial, ni que lo eras, ni que lo has sido, porque eso no cabe en el horario, no cabe casi nada. Robas minutos de las casillas para hablarte a ti misma y siempre alguien viene y te recuerda que la vida sigue un ritmo y lo estas rompiendo.

No llamar cuando quieres, a veces cuando no lo quieres. No sentir que extrañas, puede hacer que todo explote. Emprender el camino hacia el amor con sueño en una cita preestablecida, con horas y condiciones que tú misma has puesto, porque te vuelves poco a poco parte de todo, el pilar de la cordura.

Seguir y notar cómo cambia tu cara frente al espejo. Algo cambia en la rutina estática y eres tú que te vas, que caminas sobre esos cuadros y sales del mundo poco a poco, organizada y con todo dentro. Preguntándote como ocultar tantas cosas desechadas. Con tantos libros en la mesa de noche, que al igual que todos esperan por ti y aunque sean ellos a quien verdaderamente añoras el cansancio no te deja abrirlos.

No bailas, ya ni cantas.