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Por Juan Dicent

A las tragedias les gustan los nombres famosos, los titulares se mueren por los accidentes fatales donde se ven envueltos equipos completos de fútbol, de pelota, de natación y hasta de dominó. Por eso cuando vi que en el avión estaba sentado, en primera clase, of course, nuestro merenguero y diputado Sergio Vargas y que, además, un grupo de jóvenes pertenecientes a un equipo de gimnasia no ocultaba la euforia de competir, algunos quedarse, fuera del país, pensé que sólo faltaba un Kennedy para que mi ángel de la guarda se rindiera ante el terrible destino dejando que el avión explotara en medio del océano.

—Chicken or pasta?

—Chicken back, la asesina volvió…

—What?

—La asesina que mató mi corazón, volvió, volvió, volvió.

—What?

—Chicken chicken.

Pero no, aparte del clavo de película que pusieron, Goal, y de una doña persignándose cada vez que se enciendía la señal del cinturón, y de la niña que lloraba como si la estuvieran asando en brasas con wasakaka (ella se iba a pasá tre mese en Santo Domingo pero fui a la semana a bucá a mi muchacha que allá ta el dengue acabando), y gracias a Beck y Brodsky (Nostalgia, simply a failure to deal with the realities of the present or the uncertainties of the future; hell yes, please enjoy) el vuelo fue un pestañeo sin turbulencias.

—We are landing in New York, tempeture 83, thanks for traveling with us, if your purpose is recreational or business welcome to New York and if you live in this wonderful city, welcome home…

Bang. A correr fanáticos, la yegua con vestido de flores lleva la delantera, la yegüita rubia logra sacar una nariz gracias a la escalera mecánica, de repente aparece un pollino con una gorra de los Mets al que nadie le daba oportunidades, la yegüita rubia vuelve por el carril de adentro y empuja al pollino haciendo que una mula en silla de ruedas la maldiga por toda la eternidad, la yegua con vestido de flores aprovecha la confusión tomado un segundo aliento y gana la yegua con vestido de flores un mejor puesto en la fila de US Citizens and Residents.

—First time coming as resident? Go to that office…

En la oficina ocho nuevos residentes esperamos a que nos atiendan. Pasan 20 minutos, pasan los fines de semana en la playa, pasan los apagones, pasan los amigos, pasa la ley seca, pasa la gata Lola, pasa una casita de tablas podridas en Azua, pasa un caballo marrón, pasa el hoyo del Metro, pasa la hermana y la sobrina, pasan los ladronazos políticos encabezados por el ladronazo embrión de dictador Faraonel, pasa la turquita más linda del mundo, y nadie nos hace caso. Los folders con actas de nacimiento legalizadas y resultados médicos de cuerpos sanos se acumulan en un escritorio vacío. Cada oficial que merodea nos mira y mira hacia la oficina. Se acerca a otro oficial comentando que uno de ellos no quiere trabajar and we’re not gonna do his job for free. Como los exiliados por la pobreza usualmente no saben inglés, gracias a unos pececitos de Babel introducidos al cerebro a través de los oídos (distribuidos por un banilejo deportao desde Tralfalmadore por vender romo en un planeta vicios free), todos agarraditos de mano, como niños jugando Ambos a Dos, dos pasitos paralante un pasito paratrás, cantamos a coro la Canción del Emigrante:

“O you almighty men

dressed in blue

with sticks and guns

and handcuffs and mace

Will eventually somebody help us please?

We are poor emigrants

with fear in our tongues

and of our rights unaware

We are hungry

We are thirsty

We are tired

To Pity, Peace, Love and Mercy

like Blake we pray

So if you meet us

Have some courtesy

Have some empathy

Have some grace

‘Cause our families wait outside

with their hearts in their eyes

with their eyes in their hands

We know you just don’t care

but at a backyard on Melville Street

in The Bronx

over there

a seven meats sancocho is boiling

in a very big black pot

under a joyful tree full of pears

under a joyful tree full of pears

under a joyful tree full of pears…”

 

—Okey okey okey, sign here, give me your index finger, look the other way.

—Is that it?

—That’s it.

Juan Dicent