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Por Bernardo Jurado

Corría lleno de éxitos y sueños cumplidos el año de mil novecientos ochenta y tres, nos acabábamos de graduar y salíamos al ruedo social, luego de cuatro años bajo un régimen de internos en la Escuela Naval de Venezuela. Cualquier superhéroe era un tonto al lado nuestro. Veintiún años, con la inexperiencia y la arrogancia que eso implica, una pistola Browning gran potencia de nueve milímetros, todavía en su caja, una chequera del Banco Unión y un sobre que ordenaba hacia dónde íbamos a trabajar nos hacían pensar que todas las damas disponibles y también las que no lo estaban, serían presa fácil de nuestros encantos y poderes sobrenaturales para seducir.

El Presidente Luis Herrera Campins, dirigía los destinos y llegó ese día que anuló parcialmente el cúmulo de características del superhéroe, porque vino la devaluación y fue un viernes y no podía ya comprar mi carro, con el escueto sueldo de un oficial naval recién graduado.

En aquella Venezuela aun democrática, entendimos que la medida era necesaria, y al ano pude comprar la plataforma espacial que cerraría el ciclo de las características de todo play boy caraqueño de aquella época. Lo de play boy es totalmente relativo, la cantidad de trabajo que se imponía en la Armada era tal, que a veces me provocaba volver a mi régimen de la Escuela Naval. De hecho yo decidí no salir de mi buque entre semana y dedicarme a la calificación y estudio de los sistemas de combate. Debemos recalcar que en el Puerto Cabello de la época la vida social tampoco era tan agresiva, como para declararnos play boys y es que ese adjetivo es propio de metrópolis, llenos del mundanal ruido y de las distracciones propias de desempleados millonarios y cazadores de fortuna por los que siento gran desprecio y envidia, por ser más talentosos que yo.

Ayer se celebró el día de acción de gracias, ceremonia ajena, que también celebro en familia, porque el que es agradecido con las cosas importantes y también las nimias, le sobra todo y aprende a disfrutar más lo que ya tiene y porque al final del día los exiliados también somos peregrinos de alguna manera. Ese carro que compre en el ochenta y cuatro, lo cuidé mucho, sus mantenimientos eran más estrictos que mis idas al odontólogo, porque sabía bien cuanto me costó y cuanto pagaba al mes.

Hoy es el viernes negro, aquí en los Estados Unidos y las tiendas hacen las mayores rebajas del ano, es una locura de compras, de colas, de diversión, donde se comprueba que el capitalismo es y será infinitamente superior al comunismo, donde se comprueba que el humano en su individualidad posee el libre albedrío de escoger, sin mendigar y que no es un favor la rebaja, no, es una inteligente táctica para vender más y mejor, para que todos nos beneficiemos.

Yo no sé porque aquí le llaman el black Friday (viernes negro), porque todo el mundo está feliz de haber podido cumplir su sueño de tener de acuerdo a sus capacidades. Donde sí se porque le llaman así es en mi país Venezuela, por esa nube, estacionada sobre su territorio desde hace más de una década.

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