río

Por Juan Dicent

Yo tuve la suerte del río Yuna, mejor que cualquier piscina de ciudad, eso sí, pero sin punto de comparación con el Mar Caribe. Y tal vez por eso me entretienen mucho las historias que tienen que ver con crecida de ríos hasta la consecuencia de tragedia, muchas veces vi un río tocando puertas a las tres de la mañana, ese estruendo que te obliga a prolongar indefinidamente un fin de semana en una montaña, mirando el desastre que arrastra árboles y animales, y si la cosa es con ciclón se la vendo bien barata.

Faulkner, Mientras Agonizo, enfrenta el río con una caravana fúnebre, ya hay una muerta en el medio con ataúd y todo, y la temeridad se siente por demás innecesaria, valientes con motivos secretos, usted sabe que lo que viene no puede ser agradable y la ansiedad lo envuelve porque además no se le ha dicho el resultado de la tragedia.

“Cash se fue de vista, todavía abrazando el ataúd, y entonces yo no podía decir nada por el caballo abalanzándose y chapoteando. Yo pensé que Cash se había rendido entonces y fue nadando por ella y yo estaba gritándole a Jewel que regresara y entonces todo de repente él y el caballo se hundieron también y pensé que todos se estaban yendo. Yo sabía que el caballo había arrastrado el vado también, y con ese caballo salvaje ahogándose y esa carreta y esa caja suelta, iba a ser muy malo, y ahí estaba yo, hasta las rodillas en el agua, gritándole a Anse detrás de mí: ‘¿Ve lo que ha hecho ahora? ¿Ve lo que ha hecho ahora?'”

Rulfo, Es Que Somos Muy Pobres, no enfrenta a nadie con el río. La cosa pasó y llegan los damnificados a comprobar la tragedia, se predice un futuro incierto y sórdido como consecuencia de la crecida. Adiós puente, tamarindos y animales de granja.

“Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace más espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. Allí nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Después nos subimos por la barranca, porque queríamos oír bien lo que decía la gente, pues abajo, junto al río, hay un gran ruidazal y sólo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada.”

Kipling, En Tiempo De Inundación, menciona mucho el nombre del río, Barhwi, y su enfrentamiento es solitario, su razón el amor; el narrador que es un viejo nos cuenta su hazaña juvenil y por lo tanto uno sabe que sobrevivió el duelo, aunque se presiente que perdió algo tan valioso como la gallardía.

“Un hombre es una cosa muy pequeña en la barriga de una inundación. Y esta inundación, aunque yo no lo sabía, era la Gran Inundación sobre la cual hombres todavía hablan. Mi hígado fue disuelto y yací como un leño sobre mi espalda en el miedo de Muerte. Había cosas vivas en el agua, llorando y aullando gravemente, bestias del bosque y ganado, y una vez la voz de un hombre pidiendo ayuda.”

Bosch, Dos Pesos De Agua, no menciona río específico, tampoco se trata de salir a buscar la aventura como un quijote, es decir, intentar cruzar un río crecido ya sea por H o por R, no, aquí el río va a la casa de la damnificada agarrándola asando batata, sorprendida horrorosamente en toda su vulnerabilidad hogareña, como seguramente fueron sorprendidos los desafortunados que cuando el ciclón George vivían en un pueblo del sur dominicano con el fatídico nombre de Mesopotamia.

“El agua sucia entró por los quicios y empezó a esparcirse en el suelo. Bravo era el viento en la distancia, y a ratos parecía arrancar árboles. Remigia abrió la puerta. Un relámpago lejano alumbró el sitio de Paso Hondo. ¡Agua y agua! Agua aquí, allá, más lejos, entre los troncos escasos, en los lugares pelados. Debía descender de las lomas y en el camino real se formaba un río torrentoso.”

 

Dino Bonao