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Por Glenda Galán
Me llena de satisfacción este intercambio de ideas con Máximo Caminero,  un cómplice de sueños y jornadas de trabajo; “un pirata del siglo XXI”, según él, un ser humano amable, sensible y desapegado, según yo, que he podido gozar de su amistad.
Partiendo de su condición de artista residente en Estados Unidos y que al mismo tiempo ha tenido la oportunidad de compartir su arte en una docena países latinoamericanos —entre los que destacan Costa Rica, Ecuador, México, Puerto Rico, Guatemala, converso con él sobre su la visión del arte actual.
La entrevista se realiza en su estudio, una especie de museo donde los objetos y las obras de arte cuelgan de las paredes formando una instalación que nos permite hurgar en el trayecto del hombre que habita ese espacio.
Los pinceles y pinturas colocadas frente a un lienzo aún mojado, son muestra de la reciente actividad creativa en la que estaba inmerso el artista a mi llegada; faena que es aplazada mientras conversamos bebiéndonos un café recién colado por Máximo.

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—Máximo, hay un simbolismo evidente y recurrente en tu obra, ¿qué quieren comunicarnos esos símbolos?
—Mi simbolismo está basado en los primeros pobladores de laisla de la Hispaniola o Saint Domingue, de donde soy oriundo.

Quise tener como base mis raíces; empecé pintando paisajes y escenas costumbristas dominicanas, consideraba el arte contemporáneo sin sentido. Luego, cuando quise experimentar con algo nuevo, empecé a crear a partir de garabatos, como una forma de criticar el arte moderno. Mientras limpiaba aquellos trazos, empecé a encontrar figuras. En ese momento no quería expresar nada, sólo era experimentación, luego descubrí que de ellos salía un mensaje y comprendí que el arte actual sale del interior de uno mismo.

Uno siente que su propia esencia se conecta al lienzo, funge como conductor, sin saber necesariamente el mensaje que va expresando ella… Cuando uno crea, el alma no se distrae; se concentra en un espacio. Es un momento donde el pensamiento y el alma se funden en la obra.

A través de mi obra, mi alma se manifiesta de una manera espontánea. Si no eres consciente de este hecho, no puedes ver el mensaje que tus manos hicieron posible.

¿Cuál palabra pondría título a tu obra?
—La palabra sería incertidumbre. Así como no sé lo que me pasará en los próximos minutos; tampoco sé lo que será del lienzo antes de empezar a pintar; por lo que apelo en mi vida y en mi obra a la certeza de la incertidumbre.
—¿Qué color sugiere tu esencia?
—Naranja, sin lugar a dudas. Por ser intenso y seguro, a pesar de no ser un color primario, es un color vibrante, que me sugiere un desdén por la vida material; los ocasos están llenos de él, también los amaneceres.
—Una frase que te defina.
—Una de Silvio Rodríguez: “La angustia es el precio de ser uno mismo”.

—Si es una angustia, ¿por qué quieres ser tú mismo?
—Lo más difícil es ser feliz. Encontrar la felicidad supone no desear absolutamente nada, desapegarte de todo; el alma es completamente desapegada, pero en su relación con la mente se contamina y se va atando a los deseos del pensamiento. Ser tú mismo, te provocará angustia, pero al mismo tiempo te da la felicidad que los cobardes nunca podrán sentir.

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—¿Qué has ganado y qué has perdido en estos años en los que te has dedicado al arte?
—He ido perdiendo el apego a lo material y he ganado un descubrimiento de mi esencia. Perdí la realidad en la que vivía y gané una surreal, que es hoy para mí la real. Ahora sigo siendo un ser humano terrenal, con los sentidos más abiertos al alma.
—¿Hacia donde se dirige tu alma ahora?
—Hoy me siento más desapegado al triunfo y más concentrado en mi individualidad, porque en ella está el conocimiento que está en todos; es decir soy parte de un todo que está en todos.

—En tu caso, ¿dónde termina el hombre y dónde empieza el artista; dónde termina el artista y empieza el hombre?

—El hombre es quien acaricia y roza otro cuerpo, el artista es quien flota sobre su cuerpo, se para frente al lienzo y se introduce en él.
—¿Cuál es tu visión del arte actual?
—Desalmado, en muchos casos.

—Y esa carencia de alma, ¿de dónde viene según tú?
—Del pensamiento, ese que mueve a muchos artistas a buscar la fama basados en su persona no en su obra. Muchos artistas escandalizan, como manera de impresionar.
—¿Podríamos llamar arte a esa intención de impresionar?
—Yo creo que todo es arte, pero más que impresionar, el artista debe crear y eso sólo se logra cuando lo haces con el alma; no con el deseo.

 

Máximo Caminero 
Nacido en la República Dominicana en 1962, la obra de Máximo Caminero está cimentada en lo ancestral taíno (primeros pobladores de las antillas). Sus formas resuenan en el presente desde una óptica moderna. La versatilidad de sus lienzos recorre todo el horizonte caribeño, rozando sin ocultarlo, el legado africano. No tiene su obra el apoyo ritual o religioso que otros artistas de renombre como Wilfredo Lam o José Bedia han estudiado. Él sólo captura la esencia física de esos anhelos lejanos. Su obra, como él mismo la define: “Es una reflexión del pensamiento”.