©Por Glenda Galán

Es uno de esos días comunes en Miami, con mucho tráfico y sol impertinente, incluídos. Me dirijo al hotel donde se hospeda la poeta y escritora Sherezada (Chiqui) Vicioso, quién me recibe con una sonrisa, cambiando lo cotidiano en una experiencia memorable.

Su esposo,  Fidelio Despradel, nos observa mientras nos acomodamos para charlar,  en ese trajín, tía Miguelina llega a mis labios y entablamos una conversación sobre ella, sobre el 14 de junio (1) y sobre la gran mujer que fue, y sigue siendo para mí.

Ya acomodadas iniciamos este diálogo que inicia con su nombre, Sherezada, el nombre entre todos los nombres elegido, por su padre, para ella. Desde ese punto partimos disfrutando la travesía, palabra a palabra.

 

–Hábleme de su nombre, que no es muy común en República dominicana.

–Mi madre era poeta, y leía mucho y me ponía a leer en voz alta. Yo aprendí de ella el amor por la lectura. Ella pertenecía a una tertulia que se denominaba “La colina Sacra”, ella escribía y mi tía Rosa Amelia recitaba. Papá, por otra parte, era un artista renacentista, porque era un virtuoso de la guitarra, pintaba y escribía. Ellos se conocieron en Santiago y yo crecí en ese ambiente.

Me pusieron el nombre se Sherezada porque mi padre amaba la música de Rimski Korsacov, y a mi pobre hermano lo nombraron Rainer Maria Rilke, que era su poeta favorito, pero un total desconocido en el Santiago de entonces.

Ellos no advirtieron que sería la burla de muchos de mis compañeros de escuela. Luego de varios episodios en los que mis amigos se reían de mi nombre, mi madre decidió que, desde ese momento, me dirían Chiqui.

–Varios escritores me han confesado que sus padres o algún maestro los motivó a la lectura cuando niños. ¿Cómo ve el futuro de las letras de nuestro país cuando hay tantas carencias en la educación?

–Todo depende del reentrenamiento que reciban los profesores. Las clases de literatura, en República Dominicana, son infinitamente aburridas, porque el profesorado ignora técnicas innovadoras.

Si, por ejemplo, tú incorporas teatro en la literatura, la clase se vuelve un ejercicio de creatividad, de alegría y entusiasmo entre los alumnos que participan. Porque en vez de tú poner a un niño a leer sobre episodios de El Quijote, distribuyes los roles para que ellos los representen en clases, ellos van a tener que leerlo para entender los parlamentos, mientras otros trabajan en la escenografía y en el vestuario. Esto hace que todo cambie.

Lo mismo pasa con la historia, que es otra materia aburridísima. Si en vez de enseñar el movimiento independentista repartes los papeles,  los estudiantes se tienen que aprender los parlamentos y nunca se les van a olvidar.

Entonces, ese so lo que falta, introducir el juego, la fantasía y la creatividad.

–Si yo le menciono el nombre de Salomé Ureña, ¿qué le viene a la mente?

– Ninguna escritora dominicana puede ignorar sus orígenes. Yo he trabajado a Salomé Ureña en todas sus vertientes. Como no tengo experiencia como novelista, convencía a Julia Álvarez de que ella tenía que ser quién tratara a Salomé en la novela, pues yo la he trabajado en la poesía y en el ensayo.

Julia iba a escribir la novela En el nombre de Salomé, pero me escribió un correo donde me informaba que estaba “embarazada de mellizos”, pues había conocido a Camila, para mí es la escritora más importante del país, la más erudita y la más formada.

–¿Las imágenes de estas dos mujeres han sido bien trabajadas (estudiadas) en el país?

–Yo he desmitificado a Salomé. Eso me ganó la furia del ghetto literario establecido, que tenía a Salomé convertida en una estatua para los parques ¿Porqué digo esto?, pues porque, lo primero que hago es que estudio la poesía de Salomé y me doy cuenta que hay una ruptura. Están los poemas que Balaguer decía que eran superiores porque eran “viriles” y están los poemas de su angustia que es donde yo me identifico con ella.

Cuando me meto en sus poemas de angustia, me doy cuenta que su problema más grave es la soledad y el desamor. En ese momento, aún no teníamos el epistolario, A partir del estudio de su poesía me doy cuenta de que hay, por lo menos, tres Salomés: La educadora, la poeta patriótica y la Salomé mujer, que es la que yo ando buscando para poderme identificar.

En un primer ensayo que se llamó Salomé Ureña, una desmitificación necesaria lanzo la teoría de que hubo una tragedia en la vida de Salomé que transformó toda esa vitalidad y, de hecho, la mató (ella murió muy joven de tuberculosis).

Luego de esto sale el epistolario y me doy cuenta que todas mis intuiciones eran exactas. Es decir, ella cometió el error de dejar que Francisco, un hombre bellísimo, se fuera a París a hacer una maestría, a los treinta y nueve años, ella que ya le llevaba diez años. Y es que nadie se detiene.

El matrimonio de Salomé debió ser un escándalo en Santo Domingo. En primer lugar, era una poeta de veintinueve años que se enamora de un muchacho de diecinueve, que era bellísimo y segundo, ella era negra, aunque la han querido blanquear. La foto que Miguel de Mena consiguió de ella, en Alemania, muestran a una mujer negra retinta. A ella la salva su condición de clase y el hecho de que cuando ella se fija en él, ya es una poeta nacional, a la que acaban de darle la medalla de oro.

Él, que tenía ambiciones literarias y de renombre, se relaciona con Salomé, pero el compañero generacional de Salomé es Federico, no Francisco. Con Federico ella pertenece a la asociación del país y es con quién conoce a Hostos.

–¿Porqué hacer una “estatua” de la figura de Salomé Ureña?

–Ella tenía que esperar una mirada de mujer y de una mujer feminista, porque lo que han venido haciendo todas es repetir los mismos clichés.

Ahora, al margen de los clichés, lo que es innegable es que Salomé Ureña es la madre de la educación de la mujer dominicana y eso, no puede negarse. Ella creó un centro de educación donde se graduó la primera generación de maestras, contra viento y marea, con la oposición de la iglesia católica y de los sectores más conservadores.

Las “estatuas” son a esa educadora, pero nunca les ha interesado saber qué había detrás de esa educadora.

En la obra de teatro Salomé Ureña, Cartas a una ausencia, que está basada en el epistolario, yo trato de desmitificar desmitificar esa figura. Lo cual me costó el odio de una parte de la familia Henríquez.

 –¿Porqué?

–Porque ahí aparecía Francisco como un villano. Francisco, que es otro dios de la cultura dominicana.

Él tiene sus méritos. Si piensas que fue un presidente itinerante, denunciando la intervención norteamericana de 1916, entonces le tienes al tipo un gran respeto.

Pero esa Mirada femenina, es la que la sociedad dominicana establecida y reaccionaria, no puede soportar. Porque detrás de “cada gran hombre” hay un desastre.

Mira, la frialdad de Francisco, en su correspondencia con Salomé, es algo que te rompe el corazón. Un tipo que le dice; “Siempre te estas quejando, háblame de mis hijos, que, si ellos mueren, tú te mueres”.

¿Cómo tú le dices algo así a una mujer que le está diciendo que vuelvas, que sin ti yo no puedo aguantar”? Ella llevaba sobre sus hombros el instituto. Además, hay otra injusticia, ella era que mantenía la familia completa de Francisco y a Francisco en Francia.

–¿Sería ese bullying a raíz de su nombre lo que la hizo forjar un temperamento tan fuerte, que la ha llevado a desmitificar la figura de Salomé, sin importarle echarse en contra a algunas personas?

–Mami le decía a Fidelio que yo había sido terca desde que nací. Pero, quizás. Mi terquedad era porque yo no entendía el mundo de los adultos (por eso es que digo que la poesía es una condición). Yo no entendía sus rutinas.

¿Porqué había que comer cuando uno no tenía hambre, ¿porqué había que acostarse cuando uno no tenía sueño?

Yo andaba buscando respuestas, pero en vez de recibir respuestas, recibí represión.

Yo crecí en medio de un grupo de tías que eran maestras formadas en la escuela convencional. Yo recibí muchos cocotazos cuando una era niña, pues cuestionar el orden de los adultos era una frescura. Ellos decían esto es así porque yo digo que es así, y eso yo nunca lo pude aceptar.

–¿Es usted rebelde?

–Siempre. Yo tampoco pude aceptar eso en la escuela con la participación de las niñas en los deportes. Yo jugaba basquetbol, Voleibol y ping pong de mesa. Esa era mi vida. Yo me horrorizaba cuando las mandaban a las gradas porque estaban “indispuestas”. Yo creo que le mandé una orden a mi cuerpo, pues yo no desarrollé hasta los diez y ocho años.

Tampoco me interesaban las rutinas amatorias de la provincia, pues cuando tú tenías un enamorado te encerraban, porque había una preocupación de que tú te fueras a equivocar. Cualquier cosa que coartara Ia libertad a mí me enervaba.  A mí no me interesaba tener enamorados para que no me fastidiaran la vida. Eso de que un sujeto que se pusiera en una esquina, debajo de un poste de luz, a hacerte yuca, a mí me parecía una barbaridad. Además, ver la rutina amatoria de mis tías, que se pasaban el día en rolos, todo su día girando en torno a esa cita de las siete de la noche, para que el novio viniera a comer gallina. Entonces, si el tipo se pasaba media hora, era una histeria y una inseguridad, ¡no hombre!

–A mí me surge una inquietud al escucharla, ¿cómo fue que Don Fidelio la enamoró?

–El no hizo nada. No se salió de sus esquemas, porque la maravilla de los hombres como Fidelio, por su tranquilidad y por su parsimonia, es que hacen que mujeres como yo no nos sintamos amenazadas y nos podamos acercar. Y más bien, veamos su personalidad como un desafío. Es decir, preguntarnos ¿cómo yo voy a sacudir a este hombre?

Es a la inversa. Allá lo que se estila es que los hombres te asedien. Algo como la rutina del hombre primitivo. Pero los hombres como Fidelio destapan las pasiones contrarias, pues como él no está en esa tesitura, pues él tiene un interés fundamental que es la patria, las demás cosas acompañan ese interés.

–¿Hubo poesía en ese caminar?

–Yo creo que sí, las cartas de Fidelio son maravillosas. Hubo mucho sentido del humor, eso sí es importante. También mucho juego. Como soy dramaturga, me inventaba estas escenas donde nos conocíamos por primera vez y yo me sentía como Isadora Duncan, con aquellas bufandas. Esas bromas también te permiten sobrevivir como pareja.

–Si hablamos de su trayectoria, ¿cómo valora haber sido escritora en República Dominicana?

–Una guerra. Cuando yo llego del extranjero descubro que todas las poetas que yo conocía (Sabrina Román, Carmen Sánchez, Carmen Imbert, Dulce Ureña, Mayra Alemán, Mirian Ventura) se quejaban del ninguneo. Nadie las tomaba en serio, nadie estudiaba sus libros en serio. Todas estaban a la espera del reconocimiento y eso es fatal. Les propuse crear el “Circulo de mujeres poetas” y salimos a la luz pública con un comunicado. Diciendo, además, que nos queríamos llamar poetas. Porque hasta ese momento todas éramos “poetisas”  y Aida Cartagena Portalatín, fue la primera en llamarnos la atención sobre eso. Aida nos dijo: ”Ustedes no son poetisas, ustedes son poetas, la cursilería siempre se relaciona con ser poetisa. A mí Baeza Flores me dijo: Aida, tú no eres una poetisa, tú eres una poeta”. Para ellos, poeta era alguien que sabía escribir, que podía encontrarse en un tú a tú con ellos.

Nos llamamos poetas y solo ese pequeñito cambio lingüístico nos provocó una hostilidad, que, si hubieran podido lincharnos en el parque Colón, nos linchan.

Manuel Rueda fue uno de los que dijo que de dónde salíamos nosotras con eso. Bruno Rosario Candelier dijo: ”No se crean que por ser bonitas e inteligentes las vamos a integrar al mundo literario”. Yo le dije “¿Y tú le dijiste alguna vez a Bosch o a Balaguer que no se creyeran que, por ser buenos mozos, o lo que fueran, se iban a integrar? ¿Porqué lo que tú no le haces a los escritores se lo haces a las escritoras?”

–Aunque no estuvieran integradas a ese mundo literario podían escribir.

–Sí, pero el problema es la difusión.

Mi madre, María Luisa Sánchez, viuda Vicioso, por ejemplo, recibió su primer libro a los setenta años, pues yo me fui robando los poemas de donde ella los tenía guardados y, sin decirle nada, cuando cumplió sus setenta años, le regalé su primer libro. Pero mi mamá era una poeta excepcional. Tú encontrabas lo que escribían esas mujeres en algunas revistas y periódicos de ese tiempo.

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1.El Movimiento Revolucionario 14 de Junio, también conocido como Agrupación Política 14 de Junio, abreviado 14J (y 1J4) fue un movimiento clandestino que luchó en contra de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y que estaba liderado por el abogado dominicano Manolo Tavárez Justo.

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Sherezada “Chiqui” Vicioso (Santo Domingo, 1948). Poeta, dramaturga, ensayista, pedagoga. Licenciada en Sociología e Historia de América Latina por The City University of New York (Brooklyn College). Hizo una maestría en Diseño de Programas Educativos en la Uni-versidad de Columbia y estudió Administración de Proyectos Culturales en la Fundación Getulio Vargas, de Río de Janeiro, Brasil.

Ha publicado Viaje desde el agua (1981),  Un extraño ulular traía el viento. (con la colaboración artística de Tony Capellán, 1985), Internamiento ( 1992), Julia de Burgos la nuestra (biografía poética en colaboración con la grabadista Belkys Ramírez, 1990), Salomé Ureña de Henríquez (1859-1897): a cien años de su magisterio ( 1997), Trago amargo (Wish-ky Sour, 1998) y Salomé U: Cartas a una ausencia, basada en la obra: Y no todo era amor (2001).