IMG_8928©Por Glenda Galán

Quedamos en juntarnos en Librería Mamey y así lo hicimos. Le había dicho a Pedro Cabiya que quería conversar con él sobre su nueva novela Reinbou, una historia que ha sido llevada a la pantalla grande en República Dominicana, país donde el autor reside actualmente.

Pedro esperó, pacientemente, que acomodara la cámara, una actividad nada glamorosa que me ha permitido guardar un registro fílmico de cientos de escritores y artistas plásticos cuyas obras me han interesado, como en este caso en particular. Colocada la cámara en el lugar preciso y con el “ya estamos filmando”, iniciamos nuestra plática. Reinbou provocó que Pedro también me hablara sobre su trayectoria literaria y lo que ha supuesto vivir, por más de veinte años, en Santo Domingo, una ciudad que retrata en este libro. Ese retrato, de una ciudad que atraviesa por la guerra del sesenta y cinco y por las consecuencias de esa lucha frustrada, en la década del setenta, nos llega a todo color de la mano de un niño que nos motiva a buscar la verdad, aunque para ello tengamos que escarbar en lo más profundo.

Si ya los motivé a leer la entrevista ¡bienvenidos a esta conversación!

Les aseguro que ahora es que viene lo bueno.

Atiendan.

-Pedro, has escrito más de nueve libros, de todos ellos, ¿cuál ha sido el más difícil de construir?

-Quizás algunos cuentos. Los cuentos siempre son más difíciles, pues tienes que resolver muchos más problemas en menos espacio. Las piezas más difíciles que yo he escrito están dentro de los libros de cuentos.

“El piloto que dijo adiós con la mano” es un cuento que realicé como si fuera un testimonio psiquiátrico y me inventé la fuente. Ese fue complicado, porque difícil no puedo decirte que fue. Dentro de esas complicaciones el desafío me da una gran satisfacción.

-¿Qué diferencia el proceso de creación cuando escribes cuento y novela?

– Yo siempre sopeso si una idea que se me ocurre será un cuento o una novela. Si la idea se presta para que hayan digresiones, complicaciones más interesantes y personajes, entonces decido hacer una novela. Hay otras ideas que no se prestan para eso, pues la anécdota es bien discreta y limitada, entonces decido hacer un cuento.

-Hace una década dijiste que tu compromiso no era con la literatura, sino con la búsqueda de respuestas a esta situación que experimentamos que es la vida. Luego de más de diez años de haber dicho esto, ¿qué respuestas has encontrado a partir de la literatura?

-Muchas. Y si me preguntaras eso hoy te respondería lo mismo. Mi compromiso es con lo que me permite hacer la literatura. Mis amigos, mi familia, mi esposa lo saben y se dan cuenta del tipo de persona que soy. Soy una persona curiosa, inquieta y que no se satisfice fácilmente con las respuestas que no pueda encontrar. Y además, una persona científicamente curiosa, sobre qué es esto que estamos viviendo.

He encontrado respuestas muy útiles como por ejemplo, me he dado cuenta de que la variedad humana no es tan variada. Yo creo que los seres humanos repetimos moldes. Hay un número limitado de personalidades, de combinaciones. He descubierto también que estamos viviendo en un mundo que es aparentemente sólido, pero uno se va dando cuenta que el mundo es como un fenómeno psicológico. Todo sucede en tu cabeza, eso es algo que a mí me gusta explorar en la literatura y lo he hecho, en La cabeza, por ejemplo.

-De esa aseveración se desprende otra pregunta: ¿qué preguntas han surgido a través de la literatura en estos diez años?

-Para eso tendría que hablar de futuros proyectos. Tengo muchísimas preguntas sobre lo que son las nacionalidades y la raza. Me han surgido muchísimas preguntas en torno a la política: ¿Porqué no nos podemos poner de acuerdo? Esa es una inquietud mía que ha cobrado mucha importancia últimamente y que quiero explorar y que exploro en Reinbou.

A nosotros nos dividen ciertos instintos que nos impiden ponernos de acuerdo y creo que una exploración seria sobre eso sería importante para tratar de tender un puente entre un bando y el otro.

-Escribes artículos en los que abordas temas políticos ¿Sería fácil para ti desprender lo político de tu literatura?

-Absolutamente. Siempre lo he hecho así. Los primeros años de mi carrera pasaron en Puerto Rico, que es un país tan político que eso se impone sobre la faena artística y literaria. Cuando yo empecé a escribir tenía 18 años y había una forma y ciertos temas qué abordar. Tenías que hablar de la identidad y yo rompí con eso conscientemente. Otros eran mis maestros. Yo me dejé llevar por Kurt Vonnegut, por Julio Cortázar, por Borges y traté de hacer, siempre, una literatura que fuera independiente de eso. Aunque siempre fui político, eso no llegaba a colarse dentro de la literatura, porque era una elección consciente.

Mis años en la República Dominicana me politizaron. En el blog y en los periódicos empecé a tratar temas políticos porque me parecía que eran tan fáciles de abordar y que muchas veces las personas no estaban siendo capaces de ver el verdadero problema. Hubo éxitos vitales de algunos de estos textos.

-Como las cartas a varias figuras políticas.

-Sí, me pareció que el género epistolar era el mejor para hacerlo. La carta abierta a la persona que nos estaba trayendo problemas me permitió adoptar el aparato analítico que era necesario para desmontar la mentira y hacerle ver a los otros lectores lo que estaba pasando y lo que estaban haciendo.

-¿Qué te ha dado la ciudad de Santo Domingo como escritor?

-Yo diría que un sentido de pertenencia y un vocabulario. Como escritor eso era muy necesario y no lo tuve en Puerto Rico.

-¿Por qué?

-No sé. Quizás la misma cuestión colonial me impidió apropiarme de los espacios. Cada escritor tiene que saber cómo hablar del espacio que habita y yo nunca aprendía a hablar de Puerto Rico en Puerto Rico. Llegar a República Dominicana –quizás por la distancia y ver las cosas de una manera fresca- me permitió adquirir las palabras, el vocabulario y la forma para describir, sobre todo, la Zona Colonial.

Yo viví en Los Minas y en otros espacios y adquirí el vocabulario para escribir la ciudad y no solamente la ciudad en Santo Domingo sino, también, para escribir Puerto Rico. Yo creo que eso es uno de los aportes más importantes que adquirí aquí.

Screen Shot 2017-03-27 at 12.35.50 PMTu juegas mucho con buscar el sinónimo de una palabra, hasta encontrar el adecuado para que forme parte de una frase. Háblame sobre esas construcciones.

-Siempre hago la misma comparación: El escritor de oficio es como el ebanista de oficio. El ebanista trabaja con madera, el escritor con palabras. El escritor no puede tenerle miedo a las palabras y no puede decir: “Esa palabra es muy rebuscada o es muy vulgar, no la voy a usar”. Hay una palabra correcta para el momento y el contexto en que la vamos a usar. Así pasa con el ebanista que corta el pedazo de madera con una medida para que sirva en lo que está construyendo.

-¿Qué te da la seguridad de que una palabra es la palabra adecuada en un texto?

-Se siente, como cuando estas cocinando y dices: “Ya está”. Es algo que va más allá de la razón, simplemente suena bien, tiene la sonoridad que tú estas buscando, se ve bien en la oración y cuando la lees no te hace ruido, entonces ya tu sabes que esa oración la hiciste bien.

-De tus años como profesor ¿qué experiencia recuerdas que te haya marcado?

-Son muchas. Momentos impactantes, por ejemplo, un gran ensayo que me entreguen cuando no lo he estado esperando. Sobre todo, cuando viene de un estudiante que no ha estado hacienda caso a nada de lo que tú estas diciendo, o por lo menos eso es lo que te parecía. Y lo tachas y no esperas nada de ese alumno y es precisamente ese el que te entrega un trabajo que te conmueve.

A mí siempre me ha parecido que ser profesor es un gran privilegio, sobre todo en sociedades que están desarrollándose. Estoy hablando de Puerto Rico y de República Dominicana. Fui profesor, además, en Estados Unidos y también es un privilegio poder moldear o formar las mentes de esos ciudadanos de sociedades poderosas que influyen acá, de cierta manera.

-Si tuvieras que vivir por varios meses a una isla desierta y pudieras llevar las obras de dos escritores dominicanos y dos puertorriqueños, ¿A qué autores erigirías?

-De República Dominicana yo me llevaría los cuentos de Rubén Lamarche y los cuentos de Juan Dicent.

De Puerto Rico me llevaría los cuentos de Juan Carlos Quiñones (Bruno Soreno) y cualquier libro de Luis Rafael Sánchez (La guaracha del Macho Camacho, me llevaría).

Son escritores llenos de fuerza, cuyas páginas tiran fuerza pa’ fuera y uno se queda como quema’o del sol.Reinbou

-Vamos a hablar de Reinbou, ¿Cómo nace este libro?

Reinbou es inspirado en mi hijo Thiago que es una persona especial. Yo siempre me admiro de las personas especiales de buen corazón. Hay gente como él de las que me admiro porque frente a toda adversidad viven una vida de optimismo y a todo le dan la mejor interpretación posible. Thiago y mi esposa Wara son así. Ese tipo de personas a mí me atraen mucho y aunque la historia es más compleja, el libro gira en torno a un niño que es una persona con la habilidad de que, aunque esté en la situación más precaria, el mundo donde mentalmente vive es diferente al que viven quienes lo rodean. El va a estar rodeado de maravillas y tesoros.

-Es un niño que pierde a su padre en la guerra de abril del sesenta y cinco.

-Sí y la historia va del sesenta y cinco al setenta y seis, va cambiando de capítulo en capítulo. Es una novela que está cosida de una manera tan detallada que cualquier cosa que diga la va a echar a perder, por eso no puedo hablar mucho de ella. Pero sí te puedo decir que está pasando algo en el sesenta y cinco (la guerra de abril) y hay un líder revolucionario, que no es Caamaño, sino de la comandancia baja, que yo invento, pero que modelo a partir de Don Pedro Mir. En los agradecimientos yo explico bien porqué.

Yo conocí a don Pedro cuando vine al país y ese personaje principal que se llama Puro Maceta es modelado a partir de él (intelectual, políticamente muy motivado, físicamente no apto para el combate, pero con mucho corazón).

Cuidé mucho a todos los personajes: Puro, Inma, que es la mamá del niño, las hermanas de Inma, el capitán Horton y su esposa. Todos ellos salen en la película. Hay otros personajes que a mí me gustaron muchísimo que no salen, como la teniente McCollum y Molina, que es un personaje maravilloso (un tipo rastrero que hizo negocios con los yanquis y quedó bien parado en el gobierno de Balaguer).

-Hay escritores como J. D. Salinger que permitió que se hiciera una película basada en una de sus historias y que no quedó muy a gusto con el resultado. En el caso tuyo, ¿has quedado conforme con el guion y con el resultado final de la película?

-Yo aprendí de George R.R. Martin, el autor de Games of thrones, que cuando le dicen: “Mira, te están cambiando las cosas, ¿cómo tú permites eso?” el reponde: “una cosa es la película y otra cosa es el libro”. Son diferentes medios y para resolver el tema audiovisual y adecuarlo al presupuesto que tienes para hacer la película, tú tienes que hacer ciertos compromisos.

En el caso de Reinbou, yo creo que la película es una adaptación poética del libro. La novela tiene un narrador que no aparece en la película, o sea que hay cosas que el libro va a complementar en la película y la película tiene cierto feeling visual que va a complementar el libro.

-Como profesor de guiones y alguien que ha trabajado en ese campo, ¿Qué opinas que debe tener un guion para que sea bueno?

-Conflicto. Tiene que pasar algo. Alguien tiene que querer algo y otra persona tiene que luchar en contra de ella para que no lo consiga. Eso es lo primero que tienes que tener claro. Si eso no existe, no sigas escribiendo.

-¿Esta novela fue escrita pensando ser llevada a la pantalla?

-Si. Fue escrita, inicialmente, como un bosquejo cinematográfico.

-¿Que diferencia el proceso de creación de un libro cuando lo concibes para que sea llevado, luego, a la pantalla?

Yo soy un escritor que planifica lo que va a hacer en cada página y que todo lo divide en tres actos. No es un misterio para mí hacia dónde yo voy. Yo sé cuál va a ser mi tercer acto y la satisfacción es caminar hacia allá. Cuando va para guion tu sabes que tienes ciertas limitaciones: En la página 5 ya tiene que pasar algo, en la página 10 tiene que pasar algo y en la página ochenta ya tienes que ir al tercer acto. Ese tipo de cosas tú tienes que calcularlas. Entonces yo diría que hay una diferencia mecánica para que te cuadre bien cada cosa. En la novela no, en la novela tú tienes la escaleta y empiezas a complicar en asunto y a los personajes, sin las constricciones de un guión cinematográfico.

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-Como lectora, ¿Qué puedo encontrar en Reinbou?

-En Reinbou puedes encontrar muchísima acción y reflexión. Reflexiones históricas, reflexiones sociales. En Reinbou tu también vas a encontrar mucha ternura, algo que es muy raro en mis cuentos y en mis novelas.

-Bueno, hay un niño de por medio.

-Sí. Cuando tú descubres el desenlace y descubres la verdad, es conmovedor. Hay mucho simbolismo, sobre todo y algo de parábola en la novela, porque el niño desentierra la verdad. En el sesenta y cinco todo quedó enterrado y hay un personaje que va a desenterrar y a mostrarlo.

-Veo un paralelismo entre ese niño del libro y los jóvenes que lucharon por sus ideales de iniciar algo nuevo en el sesenta y cinco.

-Sí, esa ingenuidad y ese sentir de que ellos podían cambiar el destino de una nación es algo de una gran inocencia, especialmente frente al ejercito de una potencia extranjera. Eran muchachos que peleaban con los marines, eso es bravo y hay que admirarse. Los veías en el Ozama y ellos no perdían el corazón. Ellos estaban peleando y ganando.

-Como hacen los escritores, que nunca pierden el corazón, sino no pueden escribir bien.

-No, sino tienen que suicidarse o dejar de escribir.