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Este año O, Miami Poetry Festival se superó a sí mismo como cada año, con la presentación de “La sombra de mi alma” (My Soul’s Shadow), un performance basado en la poesía de Federico García Lorca, ideada y  llevada a escena magistralmente por Manual Cinema, un teatro de sobras cinematográfico que nos visitó desde Chicago con esta visión de la obra del poeta español.

Resulta extraño hablar de luces y  sobras sin sentir la inclinación de permanecer en la palabra luz, ya que por lo general, la sombra se asocia a lo oculto y a la maldad. En el caso de Manual Cinema, es solo parte de la magia que nos transporta a mundos fantásticos, donde la realidad y la ficción van de la mano.

Usando cientos de títeres de papel, seis retroproyectores, y una banda sonora original, interpretada en vivo por el conjunto de cámara Nu Deco, Manual Cinema transformó un warehouse de Little River en un paisaje inspirado en el mundo sureal y poético de Lorca. A través de luces y sombras se superponían los versos,  las pasiones y la obseción por la muerte del poeta ido a destiempo, el pasado siglo.

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Entre imágenes cautivadoras, poemas recitados en español e inglés y paisajes representados con una gracia sobrecogedora, el público, quedó inmerso en la trama, en el ir y venir del poeta, que por momentos escapaba del escenario para tomar un teléfono, colocado cerca de un gran árbol, desde donde  su poesía lo iluminaba todo.

La codirectora artística de esta compañía teatral, Sarah Fornace nos comentó que el equipo artístico trabajó con esta obra en colaboración con O. Miami, inspirándose en una serie de poemas de Lorca y especialmente con “El Diván del Tamarit“, un texto que explora la angustiada penetración en el dolor del amor imposible.

La puesta en escena logró transmitir la búsqueda de un anhelado mediante imágenes que aparecían  y desaparecían constantemente al compás de la música original de Kyle Vegter, y de los efectos de sonido que le dieron una interesante dimención acústica a la obra.

Durante 40 minutos La sombra de Lorca y su poesía cubrieron aquel wearehouse de Miami, convirtiéndolo en un lugar expansible y mágico, a través de la animación cinematográfica en vivo y de un excelente guión.

 

Una llamada nos sorprendió desde el iluminado árbol que formaba parte de la escenografía extendida hacia el público,

desde ese plano y un miembro de la audiencia atendía a la llamada. Era la poesía quién llamaba y que  se quedaba entre nosotros, desafiando la muerte y el tiempo.

“Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto”.

Federico García Lorca

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