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Caperucita roja es uno de los cuentos infantiles más famosos de todos los tiempos, una historia que se transmitió oralmente por Europa y que marcaba  el contraste entre un poblado seguro y los peligros que rondan por el bosque, algo muy importante de señalar en el mundo medieval, pero que en sus inicios no era una historia tan inocente.

Charles Perrault fue el primero en recoger esta historia en un volumen de 8 cuentos de 1697, llamado Les histories et contes du temps passé avec des moralités, ou contes de ma Mêre l’Oy, ( Los cuentos de la madre oca). El cuento de Caperucita se titulaba, Le petit chaperon rouge. Esta historia tiene algunas connotaciones sexuales ( pues la caperucita se desviste y se acuesta en la cama con el lobo disfrazado de la abuela) y posee un final triste donde el Lobo devora a Caperucita.

En 1812, los hermanos Grimm escribieron una nueva versión del cuento que ha sido la más popular a través del tiempo. Siendo esta historia la número 26 dentro de la colección de cuentos de estos hermanos. Para realizar esta versión que contenía menos elementos eróticos, los hermanos Grimm se basaron en varias fuentes, entre ellas el cuento de Perrault de 1697;  además de la versión oral de una joven que se piensa conoció el escrito de Perrault. También tomaron en cuenta una obra escrita en  1800, titulada Vida y muerte de la pequeña Caperucita Roja, una tragedia en la que su autor,  Ludwig Tieck introduce la figura del leñador, que salva a la protagonista y a su abuelita. En esta versión, los hermanos culminan el cuento con un final feliz.

El diálogo más recordado de esta historia es el entablado por caperucita y el lobo disfrazado de la abuela, quuien espera comérsela:

C – ¡Qué ojos más grandes tienes!

L – ¡Para verte mejor!

C – ¡Qué orejas más grandes tienes!
L – ¡Para oírte mejor!
C – ¡Qué manos más grandes tienes!
L – ¡Para abrazarte mejor!
C – ¡Qué nariz más grande tienes!
L – ¡Para olerte mejor!
C – ¡Y qué dientes más grandes tienes!.

L – ¡Para comerte mejor!